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  Goletas Turcas

Vacaciones en una goleta turca                

                    
 
     
 

Esta vez el destino que Aproache nos propuso era Turquía, aunque bien podría haber sido cualquier otro sitio ya que en seguida entendí que lo realmente diferente de este viaje iba a ser el barco. Hasta ahora sólo había navegado en velero o en catamarán, destinos maravillosos a bordo de barcos más o menos espaciosos donde tras la llegada había que hacer la compra y ordenar el equipaje optimizando el espacio. En esta ocasión todo fue diferente...

Llegamos en ferry desde Kos, isla griega cercana a Bodrum donde nos esperaban nuestros anfitriones Kim y Sefa. Caminamos por la marina atestada de goletas turcas  hasta el barco, 25 metros de reluciente maravilla que al igual que las demás me recordó al barco de Peter Pan. Nuestra impecable tripulación aguardaba nuestra llegada en cubierta perfectamente uniformados: el armador, el capitán, el cocinero y dos marineros. Nos descalzamos para cruzar la pasarela, atrás quedaba lo que hasta ahora conocía sobre navegar, empezaba otra etapa... prometedora por cierto.


 
 
 

Un centro de flores sobre una mesa para 12 comensales presidía la bañera en popa. Un enorme banco semicircular rodeaba la mesa con mullidos cojines azul añil que invitaban al relax. En el salón interior acristalado entraba la luz a raudales. La madera de la goleta relucía, las alfombras turcas tipo kilim de alegres colores resaltaban sobre los paneles de teca y pino.

El armador, nacido en Bodrum,  nos dio la bienvenida mientras un marinero nos servía el desayuno: frutas, bollos recién horneados y un delicioso y humeante café.Tambien en todas las goletas turcas de calidad el desayuno consta de típicos platos turcos , pepino, tomate pelado , aceitunas de varias clases, aceite , queso de cabra suave y algo mas fuerte y huevos al gusto. Nada más y nada menos para empezar el día, así es Turquía

 
     
 

Tras el desayuno hice una rápida visita a nuestro nuevo hogar,  desde la cubierta de popa  se pasaba al  salón interior de la goleta  y a la cocina (que quedaba oculta en un nivel inferior) y  bajando unas escaleras un pasillo daba  paso a los cuatro camarotes. Los tres de los lados eran muy espaciosos, para definir el principal, en la proa la palabra espacioso se quedaba muy pequeña.

 Todos disponían de un amplio baño con ducha de mampara, secador y varios espejos. Los camarotes “pequeños” tenían una cama de matrimonio y dos de ellos otra más a modo de litera idónea para niños. El camarote  principal estaba presidido por  una gran cama flanqueada por dos mesillas y dos mullidas alfombras de lana con un cabecero entelado en azul, a juego con las demás tapicerías de la cabina donde se combinaban los tonos azules y ocres que junto con la madera de pino clara creaba un ambiente muy cálido. Elegante, sencillo... y muy confortable.

 
 
 

Las puertas de los camarotes eran de  tablones listados y tenían forma de arco, con  tiradores que combinaban madera clara, oscura y metal dorado, los techos se adornaban con vigas de madera.

Resultaba muy cómoda la gran cantidad de armarios con que contaban todos los camarotes, todos ellos se iluminaban al abrirlos. En verano, y me consta que hace calor en Turquía,  debe agradecerse el aire acondicionado que se conectaba en cada camarote mediante un mando a distancia.

Tras la breve visita me dirigí a la proa donde encontré uno de los sitios más acogedores del barco: una mesita y un banco ovalado con colchonetas desde donde imaginé que las puestas de sol deben ser increíbles, detrás quedaba la zona de solarium, tapizada con colchonetas azules. Vi dos kayacks y una tabla de windsurf.

 
 

  

 
 
  
 
Goletas Turcas